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Bolonia y Barcelona se unen para un proyecto de big data

Bolonia y Barcelona se unen para un proyecto de big data

Las autoridades de ambas ciudades creen que esto puede y debe usarse para mejorar la vida urbana

Ya no basta con basar las decisiones en los datos administrativos de las bases de datos municipales: se hace necesario acceder y conectar diferentes fuentes, partiendo del principio de datos generados por la comunidad como bien común. Esta es la conclusión a la que llegan cada vez más autoridades urbanas a la hora de buscar soluciones sobre cómo mejorar la vida en sus alrededores.

Dos ciudades en particular, Bolonia y Barcelona, ​​han decidido hacer algo más al respecto y así es como se desarrolló conjuntamente el proyecto "Por una gobernanza colaborativa de datos comunitarios". Hoy, gracias al uso de tecnologías modernas de procesamiento de big data y aprendizaje automático, todo eso se puede lograr si los diversos actores en el campo comparten un acuerdo de colaboración y reglas comunes, en cumplimiento de la protección de los derechos individuales.

Esto se inspiró en el Objetivo 11 de la Agenda 2030 de la ONU

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible establece que "Hacer que las ciudades y comunidades sean seguras, inclusivas, resilientes y sostenibles" es uno de sus 17 Objetivos. También fue la inspiración detrás de este proyecto intermunicipal que pide la adopción de un modelo de gobernanza de datos colaborativos , basado en estudios de casos concretos.

La gestión de los temas más relevantes en la vida de una ciudad, desde la movilidad a la accesibilidad a la seguridad e inclusividad, requiere cada vez más la posibilidad de acceder a los datos contenidos en las plataformas digitales de los distintos actores urbanos, tanto públicos como privados. Se trata de datos que provienen de wifi público, por ejemplo, o se recopilan de centros de transporte, o se obtienen de plataformas de gestión de alquiler a corto plazo, etc.

Combinarlo por completo y a lo largo del tiempo puede dar un retrato real de la ciudad y de cómo "vive". Por ejemplo, una de las preguntas que se plantea la iniciativa es: ¿Pueden las ciudades tener su propio ritmo de respiración? Se refiere a la forma en que las personas y los grupos recorren el territorio urbano a diario, por ejemplo, yendo al centro por la mañana y regresando a las periferias por la noche.

Lo anterior, aunque posiblemente común a muchas ciudades, puede tener su propio ritmo y patrones particulares dependiendo de la localidad.

¿Cómo pueden estos datos afectar las políticas municipales?

La historia de los datos “el ritmo respiratorio de la ciudad” puede contribuir a la construcción de un observatorio permanente, colaborativo y participativo desde abajo, que tiene el propósito de generar lecturas inéditas sobre los movimientos, hábitos y dinámicas sociales de la comunidad. Es así como el impacto, en términos de políticas públicas, puede materializarse y tornarse relevante para las instituciones y para la calidad de vida comunitaria.

Por ejemplo, en una determinada plaza sin urbanizar por la tarde y muchos días el municipio puede vaciar los contenedores y recoger los residuos en las horas en que realmente se necesita. Esto también puede afectar la programación del horario de apertura de los museos y bibliotecas de acuerdo con los hábitos encontrados por los usuarios. O podríamos entender la efectividad de los servicios de movilidad compartida de Bolonia, a través de la geolocalización de los medios compartidos.

El tema de viajar en una “ciudad de 15 minutos” adquiere una importancia fundamental en este sentido. En el período en el que, debido a la pandemia, hemos asistido a la explosión del trabajo inteligente, contar con un cómodo "espacio vital" equipado con servicios a pocos minutos de casa puede aportar un valor añadido a la calidad de vida individual y familiar.

También puede contribuir a enriquecer las redes relacionales de los ciudadanos, permitiendo a los tomadores de decisiones públicos rediseñar los espacios en función de las necesidades. Esto no solo se basa en las buenas intenciones per se, sino como una forma de diseñar prácticamente espacios deportivos, áreas verdes, puntos de interés cultural y social.

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